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Tres generaciones de una familia empresaria reunidas | Treu Legal & Business

Repartir por partes iguales no es repartir con justicia

Favorecer a un nieto en el testamento por encima de sus hermanos o primos, rompe algo que la generación anterior daba por resuelto y no importa que la decisión tenga una justificación sólida (mayor involucramiento en el negocio, mayor capacidad demostrada o una relación distinta con quien testa). Lo que la familia recibe en el momento de aplicar ese testamento no es una explicación, es una nueva jerarquía impuesta desde fuera de cualquier conversación previa.

El fundador que reparte de forma desigual entre su propia generación de hijos suele hacerlo, muchas veces con razón, para proteger al negocio, porque quiere que quien más ha aportado tenga más control. Pero cuando esa misma lógica se traslada a la generación siguiente, dejando que un solo nieto reciba la mayor parte de lo que le correspondía a su rama familiar, el efecto de la decisión excede el círculo patrimonial, invade el círculo relacional de la familia y alcanza a personas que no participaron en absoluto en la decisión que ahora las coloca en desventaja frente a sus propios primos.

Frente a este escenario, existe la tentación de tratarlo como un problema exclusivamente de redacción testamentaria, es decir, encontrar con el Notario la fórmula legal exacta que distribuya el porcentaje deseado sin generar impugnaciones pero, hay que decirlo, ese es un enfoque incompleto. La fórmula puede ser legalmente impecable y aun así, sembrar un resentimiento que se manifiesta no unicamente en tribunales sino en la mesa de decisiones de la empresa, años después, cuando esos primos ya son socios entre sí y uno de ellos entró con una participación que los demás siempre asumieron como menor o igualitaria.

El instrumento que atiende este riesgo no es el testamento, ya que éste solo puede ejecutar una decisión, pero no explicarla ni sostenerla emocionalmente. Para construir el instrumento correcto se debe partir de una conversación familiar amplia, independiente a la firma del testamento, sobre por qué se está tomando esa decisión y qué reglas regirán la relación entre esos herederos como copropietarios desiguales del mismo negocio. Cuando se documenta correctamente y se convierte en un acuerdo, esa conversación cumple su función mediante el Protocolo Familiar, que no decide cuánto hereda cada quien, porque eso corresponde al testamento, sino cómo conviven, como familia y como socios, quienes heredan cantidades distintas de la misma empresa.

Un testamento que reparte de forma desigual sin ese proceso previo no está resolviendo un conflicto de sucesión; solo lo está posponiendo, con resentimientos incluidos, hasta el momento en que la empresa ya no tenga al fundador presente para explicar, con su propia autoridad, por qué la decisión tuvo sentido.

En consultoría de empresas familiares es importante el acompañamiento para que la familia empresaria distinga entre desigualdad explicada y desigualdad impuesta. Un reparto desigual acompañado de una conversación previa, donde el nieto favorecido y sus primos entienden de viva voz del fundador el criterio detrás de la decisión, tiene enormemente más probabilidad de sostenerse en el tiempo que la misma desigualdad descubierta, sorpresivamente, al momento de conocer el contenido del testamento.

Lo que más hace predecible el conflicto futuro entre primos es si la diferencia de ese reparto se explicó a tiempo o se impuso sin previo aviso; la magnitud de la diferencia en estos casos pasa a segundo término, porque la justicia no está en repartir por partes iguales, sino en conversar al interior de la familia y entender las razones de las diferencias.

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