Empresa familiar y familia empresaria son dos términos que el mundo empresarial usa comúnmente como sinónimos desde hace décadas y que no lo son. La confusión es comprensible, ya que en muchos casos la misma organización de la que se habla podría describirse con ambas etiquetas, pero en el momento en que se necesita diseñar un sistema de gobierno, la distinción deja de ser semántica o superficial y se convierte en la pregunta que define qué viene primero, qué órganos son necesarios y cuál es el riesgo principal a gestionar.
En la empresa familiar, la familia está dentro del negocio
Una empresa familiar es, en una definición lo más operativa posible, una empresa en la que una familia es propietaria de una parte significativa del capital y en la que, frecuentemente, uno o varios miembros de esa familia participan en la gestión. La familia está dentro del negocio, porque lo financia, lo dirige y lo hereda. Aquí, la continuidad de la empresa es una continuidad empresarial, pues depende de que el negocio funcione y de que haya quien lo opere bien.
Este modelo abarca desde el taller con dos hijos en la operación hasta el grupo empresarial con tres generaciones y un consejo de administración, es decir, no es una cuestión de tamaño, facturación, activos, industria o antigüedad en el mercado. Lo que todas esas empresas tienen en común es que la familia está orientada hacia el negocio: su proyecto familiar se define en buena medida por la empresa que poseen.
En la familia empresaria, el negocio está dentro del proyecto familiar
La familia empresaria es algo diferente. No es simplemente una familia que tiene una empresa, sino una familia que ha decidido, de forma consciente o no, que la empresa es su proyecto colectivo de largo plazo. La empresa es más que solo un activo patrimonial o la fuente de ingresos de la generación actual, es la expresión de lo que esa familia quiere construir y dejar como legado. La orientación es inversa a la empresa familiar, porque aquí el negocio está contenido en un proyecto familiar, no al revés.
Una familia empresaria tiene algo que la empresa familiar no necesariamente tiene, esto es, una identidad como familia en torno a la empresa, en la que sus miembros no son simplemente accionistas o directivos, son parte de un proyecto que los trasciende individualmente. Eso cambia radicalmente cómo se toman las decisiones, quién tiene voz en ellas y qué tipo de gobierno se necesita.
Por qué la distinción importa en términos de gobierno
Una empresa puede ser familiar sin que la familia haya desarrollado nunca la identidad de familia empresaria y eso crea un problema de gobierno visible, ya que se pueden firmar todos los documentos correctos, como pactos de socios, protocolo familiar y reglamento del consejo; pero el gobierno seguirá siendo disfuncional porque la familia no tiene claridad sobre qué tipo de sistema es el suyo ni qué rol quiere jugar como familia en el futuro de la empresa.
Por una parte, el riesgo central de una empresa familiar sin identidad de familia empresaria es la contaminación entre ambos sistemas, donde los conflictos familiares invaden los órganos corporativos y las decisiones corporativas contaminan las relaciones familiares porque no existe ningún espacio diferenciado para cada tipo de conversación. Cierto es que el gobierno corporativo puede instalar esos espacios, pero no puede crear por sí mismo la identidad que hace que la familia los use con coherencia.
En cambio, el riesgo de la familia empresaria sin gobierno corporativo formalizado es diferente, ya que la identidad colectiva tampoco resuelve por sí misma el problema de quién decide qué. Una familia con un proyecto compartido pero sin estructura puede colapsar cuando el fundador no puede seguir siendo el árbitro de todos los conflictos o cuando la siguiente generación llega con visiones distintas sobre el rumbo que debe seguirse. En tal sentido, el proyecto compartido es el punto de partida, pero el gobierno adecuado es el sistema que lo hace operativo.
Una pregunta sencilla que permite identificar fácilmente en qué tipo de sistema está una empresa es esta: cuando la familia habla de la empresa en una cena, ¿habla del “negocio” o habla de “nuestro proyecto”? La respuesta revela si hay identidad de familia empresaria o solo propiedad familiar de una empresa.
La transición es posible y es el punto de partida del gobierno
Una empresa familiar puede convertirse en familia empresaria. De hecho, eso es exactamente lo que ocurre cuando el proceso de institucionalización está bien diseñado, puesto que no solo se instalan órganos de gobierno, sino que se construye la identidad colectiva de la familia como proyecto de largo plazo. El Consejo Familiar, el Protocolo Familiar y la conversación sobre sucesión son los mecanismos que producen esa transformación cuando se usan correctamente, no son solo instrumentos técnicos.
Saber cuál de los dos sistemas describe mejor a tu empresa en este momento es un ejercicio de diagnóstico que define qué tipo de gobierno necesita tu empresa, en qué orden construirlo y cuál es la conversación más importante que esa familia todavía no ha tenido.
Treu Legal & Business asesora a empresas familiares en el diseño de su gobierno corporativo: desde el diagnóstico de la etapa y el tipo de sistema hasta la implementación de los instrumentos que lo hacen real y operativo. La Strategic Legal Session es el primer paso.

